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Tenemos claro y bien aprendido que el sol y los rayos ultravioleta son algunas de las causas principales del envejecimiento de la piel. Sabemos lo que es el factor de protección (SPF) y buscamos productos cosméticos que lo lleven. El ir a la playa o a la nieve sin aplicarlo ya forma parte de los “pecados cosmetológicos capitales”. 

Y aunque si que hemos oído hablar de los radicales libres, y de los problemas que también causan en la piel, todavía no buscamos en nuestras cremas el  Factor de Protección de Radicales (RPF). Vamos a aclarar en el siguiente post, que mide este índice, y por qué debemos de tenerlo tan en cuenta para proteger nuestra piel.

 

En nuestro país, los protectores solares se miden según su Factor de Protección Solar (FPS). Sin embargo el FPS, es solo una medida de la Radiación Ultravioleta B (UVB), y por lo tanto, solo mide la capacidad de protección a corto plazo de un filtro solar. En este sentido aún cuando un filtro solar sea eficiente en proteger contra las quemaduras solares inmediatas, eso no significa que nos está protegiendo de la radiación silenciosa (UVA), y sus consecuencia extremas a largo plazo, como problemas graves en la piel.

Es aquí cuando aparecen los radicales libres, que son una consecuencia de la radiación ultravioleta, y son especialmente dañinos para la piel. Vamos a aclarar todo en torno a esta molécula y como podemos incorpora la protección frente a sus efectos.

¿QUÉ SON LOS RADICALES LIBRES?

Para empezar uno de los principales factores ambientales desencadenantes del envejecimiento cutáneo. Pero explicado desde un punto de vista químico diremos que toda sustancia tiene que estar completa, es decir tiene que tener un número par determinado de electrones. Si por alguna razón los gana o los pierde, se convierte en una sustancia inestable, o sea en un radical libre,  que reacciona con todo lo que se encuentra a su alrededor.

 

¿QUÉ CAUSAN LOS RADICALES LIBRES?

El sol y las radiaciones ultavioleta son una de las principales causas que inducen al estrés oxidativo y a la acumulación de radicales libres en la piel. Son muy dañinos para la piel, ya que destruyen los enlaces de las proteínas como el colágeno y la elastina, favoreciendo los procesos del envejecimiento. Cuando superan el balance natural, empiezan a dañar las moléculas que componen nuestras células, acelerando su muerte y disminuyendo su capacidad para regenerarse: disminución de la elasticidad y brillos de la piel, y aparición de arrugas más profundas.

 

¿CÓMO PUEDO COMBATIR LOS RACIALES LIBRE?

Pues si son productos que oxidan, combatiremos su actuación con principios activos antioxidantes. Aquí es donde aparece el Factor de Protección de Radicales Libres (RPF), que es la unidad que mide la actividad antioxidante y la acción frente a los radicales libre.

 

 

Si bien hay un larga lista de principios activos antioxidantes, uno de los más efectivos es el Extracto de Edelweiss. (comprar aquí). Debido a las condiciones extremas de altitud y temperatura en las que se desarrolla, genera unos principios activos con una capacidad asombrosa de  regeneración.

Su RPF es de 286 (esto implica una reducción de 286×1000 frente a los radicales libres por mg de Edelweiss) y es dos veces superior al poder antioxidante de la vitamina. Con un RPF de 286 Edelweiss protege la piel antes (prevención) y después (tratamiento) de la exposición al sol.

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