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En los últimos tiempos está, podríamos decir que hasta “de moda” tener la piel sensible. Pero en realidad la “verdadera” piel sensible es un tipo de piel que tiene unas características especiales, y que a continuación os vamos a contar.

Las pieles denominadas sensibles al contacto con el exterior sufren continuas agresiones ante las que va reaccionando de forma espontánea. Todas estas agresiones fuerzan sus mecanismos de defensa y ante tanta presión hacen que no sea autosuficiente para controlar el medio hostil que le rodea y se vuelve hiper-sensible, pierde su resistencia y envejece prematuramente.

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Se entiende por pieles sensibles aquellas que presentan un estrato córneo fino, son frágiles, presentan tendencia a la deshidratación, a al descamación y a la cuperosis. Poseen un menor poder de defensa, una mayor predisposición a la aparición de las arrugas y la renovación normal de su epidermis se ve alterada dando lugar a queratosis. El tipo de queratosis más importante es la dermatitis y esta se produce cuando la piel entra en contacto con un agente lesivo y reacciona contra él; los síntomas de esta reacción son enrojecimiento, picor, aparición de pequeñas vesículas

Existen dos tipos de dermatitis:

DERMATITIS DE CONTACTO O DE TIPO EXTERNO: Su manifestación externa es un eczema y su causa más generalizada es una sensibilización alérgica.

DERMATITIS CONSTITUCIONAL O DE TIPO INTERNO: Entran en juego varios factores que alteran el metabolismo de la piel:

– Trastornos nerviosos

– Herencia genética

– Alimentación.

– Tabaco y alcohol.

Como consecuencia de los desequilibrios que padecen este tipo de pieles, aparecen síntomas de deshidratación que desencadenarán:

– Envejecimiento prematuro

– Falta de tersura y suavidad.

– Fragilidad.

– Descamación.

También presentan síntomas de intolerancia hacia factores externos de una forma desmedida las pieles alérgicas.

Una reacción alérgica hace intervenir fenómenos sumamente complejos relacionados con el sistema inmunológico.

Las respuestas son casi siempre de tipo inflamatoria, y si la respuesta es inmediata, es el caso de piel reactiva, pero si es de efecto retardado es el caso de piel alérgica.

Tanto las pieles sensibles, como reactiva o alérgicas, conviene tratarlas con productos hipo-alergénicos, que minimicen los riesgos de la reacción, pero sin olvidar los principios activos que suplan las carencias y ayuden a mantener la piel bien hidratada y a fortalecer los tejidos.

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